Extrae impurezas
Para eliminar células muertas y espinillas han nacido los exfoliantes. Son productos que incorporan partículas de arrastre y cumplen una doble función: reducen el espesor de la piel y eliminan la suciedad de la superficie. Los aplicas con el rostro húmedo (evitando los ojos) y realizas movimientos circulares suaves ejerciendo mayor presión en la zona de la nariz, frente y mejillas. Retira con abundante agua ¡y alucina con el resultado! ¿Que no tienes una exfoliante a mano? Un baño de vapor facilita la extracción de las impurezas evitando daños y manchas rojas. Llena de agua caliente un recipiente ancho y pon el rostro a una distancia prudente en la que no sientas que te estás quemando. Para que el vapor no se escape tápate con una toalla. Después del baño presiona ligeramente con un pañuelo de papel insistiendo en las zonas con más impurezas. ¡Y cuidado con los granitos! Evita presionarlos y manipularlos con fuerza. Si no salen todos a la vez espera una semana ¡y repite la experiencia!
Calma
Seguro que tu cutis se ha quedado un poco irritado y te pide a gritos un momento calmante. Para esto las mascarillas son mano de santo porque cierran los poros y desestresan en un abrir y cerrar de ojos. Se aplican por cara y cuello con la punta de los dedos o con un pincel dejando libres la zona de los ojos, los labios y las fosas nasales. Para descansar los ojos pon dos discos de algodón empapados en tónico o un antifaz de gel frío, así evitarás la expresión de cansancio que queda cuando te relajas. Deja actuar la mascarilla veinte minutos y retírala con abundante agua. Es importante utilizar agua tibia porque la caliente irrita y la fría produce un choque térmico poco recomendable. Sécate sin frotar, lo ideal es dar pequeños toques con un pañuelo de papel ¡y lista!